Las premoniciones, esos susurros esquivos que parecen venir de un lugar desconocido... ¿Son ecos del futuro, o quizás la voz de nuestra intuición más profunda intentando hacerse oír?
A menudo no son claras, sólo una sensación, una inquietud o una certeza inexplicable. En lugar de obsesionarnos con descifrar un destino fijo, quizás el verdadero valor de una premonición reside en la invitación que nos hace: la de detenernos, escuchar atentamente nuestro interior y prestar atención a las señales sutiles que solemos ignorar en el ajetreo diario.
Diego
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