Los momentos fuertes de la vida, tanto los de alegría desbordante como los de profunda dificultad, son los verdaderos escultores de nuestro ser. No son meros acontecimientos pasajeros; son las pruebas que forjan nuestro carácter, las lecciones que afilan nuestra sabiduría y los faros que, a menudo en retrospectiva, iluminan nuestro camino.