Hoy, mi corazón se desborda de gratitud hacia esas personas maravillosas que eligen creer en mí, incluso cuando mis errores son visibles. Su fe no es un simple gesto; es el ancla que me estabiliza, la luz que me guía cuando dudo y el recordatorio constante de que soy capaz de aprender y crecer.
Saber que ven mi potencial más allá de mis fallos me impulsa a no rendirme y a esforzarme por ser digno de esa confianza. A todos ellos, gracias. Son un tesoro invaluable en mi viaje