Piensa en tus amistades como una constelación personal. Cada amigo es una estrella.
Algunas brillan con la luz intensa de la risa y la aventura diaria, siempre cerca, iluminando tu camino inmediato. Otras son faros más distantes y serenos, cuya luz constante te recuerda que no estás solo, incluso en la noche más oscura; son esos amigos con los que, aunque no hables a menudo, la conexión permanece intacta.