Dayán Sotolongo, un joven cubano de 19 años, es víctima del colapso sanitario del régimen comunista en Cuba. Huérfano de ambos padres, enfrenta un grave linfedema grado cuatro sin acceso a tratamiento adecuado. Desde los 12 años, su vida ha sido marcada por el dolor y el abandono de un sistema que prioriza la propaganda sobre la verdadera atención a su pueblo.
En Cuba, la “potencia médica” es solo un eslogan vacío: los hospitales carecen de equipos básicos, y los médicos no pueden ofrecer soluciones. Dayán ha recorrido centros de salud sin obtener respuestas ni alivio, mientras sobrevive con una pensión de apenas 1,500