Piensa en tus buenos recuerdos como un refugio cálido y personal al que siempre puedes volver. No son solo ecos del pasado, son fuentes de luz y fortaleza que viven dentro de ti.
Cuando el día se sienta gris o necesites un impulso de ánimo, tómate un momento para visitar mentalmente uno de esos instantes felices: una risa compartida, un logro alcanzado, la sensación de paz en un lugar querido, el abrazo de alguien especial.