Piensa en tus "reflejos" de la vida. No los físicos, como esquivar un objeto, sino tus respuestas casi automáticas ante las situaciones diarias. ¿Cuál es tu primer impulso ante un comentario crítico? ¿Ante un error propio o ajeno? ¿Ante una oportunidad de ayudar o de ser agradecido?
Los buenos reflejos de la vida –la amabilidad espontánea, la gratitud inmediata, la paciencia ante la frustración, la honestidad sin dudar, la búsqueda de soluciones en vez de culpas– no siempre nacen con nosotros. Son como músculos: se entrenan con intención y práctica constante.
Idalid Guevara
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Angelica Maria Sandoval rodriguez
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