Hoy vivimos en una era donde todos muestran lo bonito: cuerpos perfectos, proyectos exitosos, relaciones ideales.
Pero nadie cuenta la parte fea: el miedo, la duda, la inseguridad, el “hoy no puedo”.
Por eso la vulnerabilidad se vuelve un superpoder:
cuando eres real, te conectas.
No hay nada más fuerte que decir:
“me equivoqué”
“tengo miedo”
“necesito ayuda”
La vulnerabilidad no es queja, no es drama.
Es honestidad emocional.
Y en pareja todavía pesa más.
Porque mostrar tu lado roto significa confiar más que nunca.
Deja la coraza un rato.
A nadie enamora una estatua.
Nos enamoramos de lo humano, no de lo perfecto.
Cuando te muestras tal cual eres, la gente correcta se queda.
Y la vida empieza a sentirse muchísimo más liviana.








