Gobernar a través del miedo no es nuevo, pero nunca había sido tan sofisticado. Miedo al enemigo externo, al colapso económico, a la inseguridad, al “otro”. Cuando la población vive en estado de alarma constante, acepta restricciones que en condiciones normales rechazaría.
El miedo reduce el pensamiento crítico y aumenta la dependencia del poder. Muchos gobiernos lo utilizan para justificar vigilancia, censura y concentración de autoridad. Una sociedad asustada es más fácil de controlar que una informada.








