Una buena salsa de tomate no es tomate con sal.
Es un equilibrio químico entre ácido, azúcar, agua y calor.
Por eso la mayoría de salsas saben planas: nadie controla el proceso.
Ingredientes
Tomates maduros o enlatados de calidad
Cebolla
Ajo
Aceite de oliva
Sal
Albahaca u orégano
(Opcional) zanahoria pequeña
Fase 1: extracción de agua
El tomate tiene demasiada agua.
Si no se reduce, no concentra sabor.
Por eso la salsa necesita tiempo.
Fase 2: base aromática
Cocinar cebolla lentamente hasta dulce.
Agregar ajo al final.
Esto construye la capa profunda.
Fase 3: integración del tomate
Agregar tomate y subir fuego brevemente para romper fibras.
Luego bajar y dejar reducir.
Aquí nace la textura.
Fase 4: equilibrio ácido-dulce
El tomate aporta ácido.
La cebolla aporta dulzor.
Si falta dulzor, agregar zanahoria.
Nunca azúcar directo.
Fase 5: reducción lenta
Destapado.
Fuego bajo.
Hasta que espese naturalmente.
Ajuste final
Sal al final.
Hierbas al final.
Grasa al final si hace falta cuerpo.
Textura correcta
Debe cubrir una cuchara.
No ser sopa.
No ser pasta seca.
Errores comunes
Usar fuego alto todo el tiempo
Agregar azúcar
No reducir
Salar al inicio
Usar tomate verde o sin madurar
Conclusión
La salsa enseña que el sabor no se agrega.
Se revela.
Y solo el tiempo lo revela.








